domingo, 18 de abril de 2010

El poder que nos queda…

Ya, en las dos semanas anteriores, he venido hablando del poder, pero hoy, y debo agradecer a mi gran amigo Rafael, por hacer el preámbulo para esta entrada sobre, el poder que nos queda.
Decía Rafa, y voy a citar textualmente: “Es inevitable sentir algo de tristeza al ver como nuestra sociedad a medida que "crece" no solo en un aspecto demográfico sino en logros de la técnica y el intelecto, se comporta cada vez más como una jauría de perros sedientos de ese "Poder", así es, la gente desea el poder, no desea dinero, sino lo que puede hacer con él.
Todos somos conscientes de ello, es más, somos partícipes, perros de la manada, marcamos territorio y mostramos los dientes cuando creemos que nuestro hueso esta bajo amenaza...
”.

Y no solo es defender el hueso que tenemos, también peleamos por el hueso del vecino, y cada vez queremos más huesos, y que estos sean más grandes y mejores, vivimos competitivamente buscando siempre una mejor posición, mejores ingresos, tener un “Status” que nos permita ser “aceptados” socialmente…
Ahora bien, no quiero decir que esto sea completamente malo, pues ¿Quién no desea siempre algo más?
Aceptémoslo, el ser humano es ambicioso. Y ser ambicioso es algo ambiguo, pues es nuestro medio, una persona ambiciosa es vista como una persona que sabe lo que quiere, que lucha por sus ideales, que lidera, propone y se esfuerza por conseguirlo, pero también, de esta misma forma, se definen a las personas que no les importa pasar por encima de los demás, para obtener lo que desea, y pues desgraciadamente, vemos como la mayoría de dirigentes políticos son corruptos, arrasan con las arcas del estado, cometen asesinatos y peor aún los llaman “falsos positivos”, crean grupos armados ilegales, se alían con ellos, desplazan campesinos para quedarse con sus tierras, manipulan la información, invaden la privacidad de las personas (chuzadas), incluso, utilizan los helicópteros del ejército para que sus hijos salgan de paseo…

Pero, así como lo dice Rafael, somos consientes de ello, pero también somos partícipes, permitimos que esas cosas sucedan y en muchos casos, nosotros mismo las hacemos,  pues al estar tan rodeados de estas situaciones, terminamos por aceptarlas y hacerlas parte de nuestra vida.

Es así como repudiamos la corrupción en las entidades públicas, pero tratamos de sobornar al policía de tránsito, o como repudiamos el paramilitarismo y la guerrilla, pero hablamos de limpieza social en nuestros barrios, de cómo nos quejamos de la suciedad del rio Bogotá, pero arrojamos basura a las calles, de la deforestación y el daño al medio ambiente, pero en casa no tenemos planes para separar las basuras y reciclar, nos quejamos de la guerra, pero incentivamos a nuestros hijos a “no dejarse de nadie”…
Muy seguramente en este momento, alguien diría algo como “pero si es un solo papelito en la calle”, ó “pero a esa gente que roba, que mata y que viola hay que acabarla”, o “como voy a dejar que le peguen al niño y que él se deje y no responda”.

En el caso del papelito, es muy sencillo, si los 7 millones de habitantes de Bogotá, botáramos un papelito, tendríamos 7 millones de papelitos en la calle. Los otros temas son un poco más polémicos, pues por lo general, involucran los sentimientos de las personas, la sensación de peligro, el riesgo de sufrir, o incluso de morir, y por esta razón actuamos sin pensar en las consecuencias, sin respeto por la vida ni por las leyes.
Sí, estamos en la jungla, como una jauría de perros, mostramos los dientes, defendiendo nuestro territorio… Pero, si justificamos una sola mala acción en nosotros, ¿tenemos la autoridad moral de reprocharla en los demás? NO, rotundamente, no debemos seguir con la hipocresía y la permisividad, debemos hacer un alto en el camino, y con todo lo difícil que pueda ser, corregir el rumbo, y es aquí donde radica nuestro poder, el poder de pensar, de decidir, de actuar, pero actuar correctamente, con honradez, con sinceridad, con honestidad, pensando en sociedad, en un futuro, en un país mejor, porque, tal como lo dijo Albert Einstein, “Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”.
Nuevamente, y para terminar, haré una cita textual de Rafael: “…Es cierto, eso no se come, ni paga nuestras deudas, pero si nos abre los ojos, sí dejamos de ver a nuestro compañero de oficina como el perro que nos quiere quitar el hueso, y él a su vez tal vez deje de serlo”.

domingo, 11 de abril de 2010

El poder de los medios...

Mirando en uno de los principales periódicos de mi país, en la descripción del mismo, me encontré con este párrafo: “Es el periódico de mayor importancia y reconocimiento en el país, con 97 años de trayectoria e influencia en la opinión pública.” (enlace)
¿Influencia en la opinión pública? Pero, ¿acaso su deber no es informar con imparcialidad?
¿Qué piensa usted amigo lector?
No se ha preguntado muchas veces el por qué hay noticias que no se publican? ó ¿por qué hay noticias que justifican ciertas acciones de ciertos dirigentes y personas influyentes (que creemos injustas)?, ó ¿por qué para ciertas acciones y ciertas personas hay tanto cubrimiento y tanta “bomba” y para otras que lo requieren no?
Ya en el siglo XVII, Edmund Burke hablaba del “cuarto poder”, refiriéndose a la prensa y a su extraordinaria influencia en la sociedad previa a la revolución Francesa.
Y ahora, que tenemos noticieros impresos, virtuales, internet, facebook, twiter, radio…  
Valla que estamos rodeados de información, de opinión, y no solo rodeados, bombardeados pero… ¿qué tanta de esa opinión busca informarnos? y ¿qué tanta busca influenciarnos?
Ahora bien, es bueno preguntarnos si esta influencia es a tener un espíritu crítico y comprometido con la sociedad, o ¿nos tratan de influir en otras cosas?
He escuchado con mucha decepción a personas que afirman que dan su voto por la persona que valla arriba en las encuestas… y me pregunto yo, si por alguna razón, cualquiera que fuera esta, mostraran a un candidato arriba, en el primer lugar de las encuestas, ¿Qué pasaría? Y bueno, esto es solo un ejemplo, no quiero decir que esté pasando…
Así mismo podríamos preguntarnos si lo que nos muestran en los medios es algo tan imparcial, o es como lo afirma cierto periódico, influenciando a la opinión pública…
Bueno, esto ha generado más preguntas que opinión y mi atormentada alma necesita respuestas…
Espero sus comentarios.

domingo, 4 de abril de 2010

El poder que cedimos…


Cuando pienso en el poder, viene a mi mente una imagen de una persona sombría, luz tenue, en traje, con una copa en la mano, una sonrisa diabólica y que gesta en su mente planes no menos santos que su expresión demoniaca…
Y pues, al pensar en por qué viene a mi mente esta imagen, lo primero que pienso es: “pero si las personas que ostentan el poder en nuestro país solo nos defraudan en cada oportunidad que tienen”, los niveles de corrupción dan escalofríos, los falsos positivos, los problemas de salud, desempleo, la parapolítica, la Yidis política, y todas las nuevas variantes políticas de nuestros “honorables” representantes.
Se pregunta uno, ¿Cómo es posible que personas vinculadas con paramilitares obtengan tan altas votaciones?, ¿será que las personas no están aburridas tras años y años de maquinarias políticas que solo aparecen en época de campañas y que desangran las arcas del estado? Pero preguntar esto, es limitar el problema a una parte del problema, grande o pequeña, pero no absoluta, también hay que recordar que en muchas poblaciones, el pueblo vive coaccionado por fuerzas al margen de la ley, la guerrilla, los paramilitares, las pandillas, en fin…  pero también por una fuerza “legal”, que solemos aceptar y pareciera que muchos, casi ciegamente confiar.
Pero… reflexionando un poco más, lanzo esta atrevida pregunta ¿no será posible que nosotros mismos nos estemos limitando a esto?
Como se le ocurre –mi primera respuesta-, si yo soy una persona que no estoy de acuerdo con la corrupción, ni con la violencia, aborrezco los falsos positivos, y he pasado horas en una sala de urgencias de un hospital, para que me den un analgésico (ibuprofeno 500 mg, nunca falla). Pienso que esta, o respuestas como esta obtendría de muchas personas a las que les formulara la pregunta, y en parte es razonable, pero definitivamente hay algo que no reconocemos, y es que, aunque no estamos de acuerdo con esas cosas, ocurren, y ocurren porque hemos cedido el poder para que lo hagan, y teniendo las herramientas para quitarles el poder, no lo hacemos.
¿Cuál poder le hemos cedido? Si somos personas humildes, trabajadoras, no tenemos dinero y no podemos hacer que esto cambie, no tenemos el poder… Esta fue la respuesta que escuche, y que incluso yo mismo hubiera dado, pero es aquí donde comienza el problema, pues tenemos la falsa idea de que el único poder es el económico y en un país tan desigual, es del que la mayoría del pueblo carece. No hay duda que en nuestro entorno el dinero compra curules en el congreso, la conciencia de las personas, el voto tan preciado…
Pero hay otro poder, que hemos entregado y que ya muchos no saben que tienen, y es el poder de decidir. ¿Decidir qué? Decidir primeramente a quien queremos que nos represente, decidir gobernantes que propongan cambios, políticas justas, para el pueblo, que hagan valer la constitución, que se interesen por el desarrollo sostenible de nuestras regiones, marcadas por la violencia y la corrupción, pero sobre todo, por una aceptación de la ilegalidad.
Es hora de retomar ese poder, es hora de vencer a las maquinarias políticas, de escoger claramente a quien represente los intereses del pueblo, alguien que vea más allá de que el problema son las Farc, alguien que crea mas allá de la “seguridad democrática”, que mediante propuestas programáticas, nos ofrezca una solución diferente a la “erradicación” de las Farc, pues el problema no es erradicar a las Farc, el problema es erradicar la ilegalidad, la corrupción, es hacer una sociedad más justa e igualitaria, con acceso a la salud, al estudio, a un empleo digno, es cambiar la mentalidad del ciudadano, para que entienda que es parte activa de la sociedad, decidiendo, pero no limitándose a esto, es ser actor activo, proponiendo, dando ejemplo de civismo, votando a conciencia, rechazando la ilegalidad, cuestionando y denunciando cuando hay manejos oscuros. Colombia es una democracia, y como nos dice la wikipedia®, una democracia es “una forma de organización de grupos de personas, cuya característica predominante es que la titularidad del poder reside en la totalidad de sus miembros, haciendo que la toma de decisiones responda a la voluntad colectiva de los miembros del grupo”.
El poder lo tenemos nosotros, utilicémoslo para el bien de nuestro querido país. Aguardo sus comentarios.