martes, 18 de mayo de 2010

Relato de pesadilla…

Esta semana, tuve la oportunidad de ver la película “Terror en la calle Elm”, y se los confieso, es la primera película del género terror que me atrevo a ver en cines…

Si, lo sé, soy una gallina, y más aún, teniendo en cuenta que hace como unos 18 años, tenía pesadillas con el protagonista…

Tenía yo alrededor de 8 años, y sentía despertar en una fábrica olvidada, llena de tuberías oxidadas, con escapes de vapor, suelos húmedos, corredores oscuros, luces intermitentes y un silencio aterrador, interrumpido ocasionalmente por pasos lejanos, puertas chirriantes  y el temido rozar de las cuchillas de Freddy contra el metal…

Esta fue una pesadilla recurrente,  pero los escenarios nunca fueron los mismos, había muchas coincidencias, pero siempre eran distintos, siempre corrí por mi vida, siempre huía despavorido, gritaba, pedía ayuda, pero al final, siempre sentía el frío e implacable metal atravesando mi cuerpo, y mientras sentía como se  me acababa la vida, escuchaba esa risa perversa de Freddy…

Una pesadilla aterradora, nunca la comenté con nadie, y me acompaño algunos años, hasta que un día, o mejor, una noche volví a soñar… Los mismos elementos, los mismos personajes, el mismo desenlace: morir… pero esta vez, después de la agonía, el despertar fue más aterrador que la muerte que acababa de sentir: me desperté en otra pesadilla, y de nuevo, después de correr y gritar, moría, para despertar en una nueva pesadilla… No recuerdo con exactitud cuántas veces sucedió en la noche, sé que fueron muchas, horribles y perturbadoras, una tras de otra, siempre corría, siempre gritaba, siempre huía y terminaba acorralado, aterrorizado por la absurda sensación de saber que iba a morir de una manera cruel, fría, dolorosa y solitaria.

Después de despertar tantas veces, en la misma noche, en la misma pesadilla, tuve una extraña sensación, después de explorar el lugar en el que desperté, una paz imperturbable me invadía, y al sentir la presencia de alguien, di la vuelta, vi al mortífero y aterrador enemigo en la cara, me pare con firmeza y le dije: “usted no me puede vencer, me ha matado tantas veces y de tantas maneras, que ya he perdido la cuenta, y al final, yo despierto, sigo vivo, más vivo que antes, y ahora finalmente, no le tengo miedo. Máteme ahora, pero volveré…”.

Acto seguido, en su derretida y aterradora cara, asomaron las más extrañas e imprevisibles  de las expresiones: tristeza y frustración, agachó la cabeza, giró y se alejó, por el mismo pasillo, ancho y lleno de tubos oxidados, con fugas de vapor, con un final resplandeciente por el fuego, acompañado del crepitar de las calderas y el ruido de sus pesados pasos sobre el piso de metal…

Lo vencí, vencí el miedo, ese miedo que sufrí en silencio, por algunos años, y que después de enfrentar, de comprender y de tener el valor de decir “no más” pude acabar.

Nunca pude ver una película de Freddy Krueger, ni acompañado por 100 personas a plena luz del día, tenía mucho pánico que volver a tener pesadillas, por suerte, esta fue mi última pesadilla con Freddy Krueger.
He contado la historia un par de veces, y en ambas, escucho las risas de mis interlocutores, pero así mismo pude sentir su miedo durante la película.

No soy un crítico de cine, ni pretendo serlo, pero las películas que me gustan, son las que me hacen sentir de alguna manera identificado, y valla que lo sentí.

Conozco el poder del miedo, nos hace correr, gritar, nos impide pensar con claridad, nos hace cometer errores, pero sobre todo, entre más miedo se siente, entre más huimos de él, mas se fortalece…
Solo espero no tener pesadillas con Freddy Krueger… ni con nadie… ni con nada…



Estoy en problemas, ya me dio miedo…  ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh